No existe una norma clara y objetiva que indique cuando se debe acudir a un profesional de la psicología, esta elección implica una valoración subjetiva.
Antes de entrar en materia considero importante aclarar que los psicólogos no tenemos una varita mágica con la que combatir el malestar, ni poseemos poderes sobrehumanos, por lo que el éxito de la terapia dependerá en gran medida del compromiso que cada paciente/cliente esté dispuesto a entregar.
Se puede plantear la posibilidad de visitar a un psicólogo cuando se detecta que uno o varios problemas bloquean su vida, inundándola de sensaciones desagradables e impidiéndole disfrutar de sus aspectos positivos. Cuando se quiere cambiar un comportamiento, un pensamiento o un sentimiento que nos hace sufrir y que no podemos o no sabemos gestionar.
El psicólogo actúa como un asesor y su función es ayudar a superar las barreras que nos aprisionan (fobias, baja autoestima, dependencia emocional, adicciones, depresión, sentimientos de vacío y desesperanza, etc). De hecho en muchas ocasiones, el problema no es algo que nos hace sentir miedo o inseguridad, sino el pensar que no tenemos los recursos suficientes para afrontar una determinada situación.
Algunos profesionales afirman que es importante delimitar con antelación el género del psicólogo en aras de agilizar el proceso de conocimiento ya que a veces las personas se sienten mucho más comprendidas, aceptadas y libres con profesionales de su mismo género. Particularmente, considero que todos los psicólogos poseen las herramientas adecuadas para que cualquiera se pueda sentir cómodo en su presencia. Por esta razón, en vez de delimitar el género como un aspecto esencial en el momento de elegir un psicólogo, prefiero puntualizar la necesidad de sentir empatía. Después de todo, lo importante en la relación terapéutica es la relación que se establece entre psicólogo-cliente.
Si finalmente decidimos realizar una consulta, recuerda que nuestra ética profesional nos obliga a mantener el anonimato y el secreto profesional de todas las conversaciones que se lleven a cabo. Toda la información recibida, por tanto, se tratará respetando la total intimidad y privacidad de la persona que realiza la consulta.
Para concluir, desearía aclarar que no es una buena idea abandonar una terapia cuando se están viendo los primeros signos de mejoría. Todos los problemas no demandan el mismo tiempo, cada caso es diferente; por lo que, aunque la terapia parezca larga, debemos preguntarnos si realmente está funcionando.
